Prensa Partido Nacional
07 Septiembre 2017

EXPOSICION DEL DIPUTADO JAIME M.TROBO EN LA CAMARA DE REPRESENTATES EN OCASIÓN DE CONMEMORARSE “200 AÑOS DE LA FIRMA DEL CONVENIO DE PURIFICACIÓN, ENTRE LA PROVINCIA ORIENTAL Y EL REINO UNIDO DE GRAN BRETAÑA”

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6 DE SEPTIEMBRE DE 2017

 200 años del Convenio de Purificación, entre la Provincia Oriental y el Reino Unido de Gran Bretaña Primer acto de la Diplomacia Oriental El reconocimiento del Estado Oriental La atenta lectura de las Instrucciones del año 1813 dictadas por José Artigas en ocasión de la asistencia de los Diputados de la Provincia Oriental al Congreso de las Provincias Unidas, ofrece más allá de su magnífica expresión republicana, con nitidez y con conceptos precisos el alcance de sus ideas y del proyecto nacional que lo animaba. Convencido él, sus colaboradores y lugartenientes que el resultado de los hechos políticos ocurridos en Europa, la invasión napoleónica a España, de la debilidad del antiguo imperio para mantener el vinculo con sus territorios de ultramar, del traslado de la corona Portuguesa a tierras de América para refundar su imperio, no podía resultar en una imitación del pasado, simplemente sustituyendo la capitalidad europea por la porteña de Buenos Aires. Mientras tanto el modelo de organización política y de administración burocrática y militar repetía el del imperio en disolución. Artigas impulsó un nuevo diseño de la estructura política de la región del Plata que rompía con el anterior esquema centralista, y desarrollaba con una visión federal las energías y capacidades que los pueblos de las provincias guardaban para su desarrollo. Carlos W Cigliutti en su estudio “Artigas y su proyección histórica” i , dice refiriéndose al contenido de los textos conocidos de las Instrucciones del XIII, “…Con estos antecedentes, fácilmente se infiere que Artigas, en el Congreso, cuando hizo circular el texto federal de las Instrucciones, tenía en vista claramente la organización federal nacional. También circuló aquel día, en aquella reunión, un ejemplar del libro de García de la Serna “La Independencia de la Costa Firme justificada por Thomas Paine treinta años ha”, en el que pueden leerse las dos primeras partes del libro de Paine “The Common Sense”, las Instrucciones dadas a los representantes de Virginia al segundo Congreso, la Declaración de Independencia de los EEUU, el Pacto Confederal llamado de “Unión Perpetua” de 1781(…) y otros escritos. “Este libro sin duda inspiró aquel texto. En algunas de las frases la coincidencia es literal. Pero en ninguna la adaptación es servil, sino que forma una estructura ideal completa, en la que nada queda sin la debida atadura, y en la que todas las disposiciones concuerdan con un conjunto armónico, complementario y claro.” 3 Este documento editado en 1811 por su autor como traductor del ingles y compilador de los textos originales de Paine y otros manifiestos y constituciones de estados en EEUU, circuló profusamente entre los patriotas americanos impulsores y protagonistas de la emancipación y seguramente José Artigas y su entorno accedieron a su lectura y análisis. Las ideas del federalismo, resultado de la influencia de la revolución americana, el valor de las libertades y los derechos de los individuos, la virtud del gobierno de cercanía y la autonomía expresadas y realizadas en un marco de cooperación respetuosa, daban vigor a una fórmula política que miraba a los individuos, a los pueblos, a los territorios, como prioridad frente al centralismo y la desesperación por la exacción de la renta aduanera, que para la capital virreinal se había constituido en una poderosa razón de ser. Los objetivos perseguidos por sus principios, la Independencia, la Confederación y la República. Analicemos el segundo con Cigliutti: “La Confederación se define, como en Estados Unidos, no como un gobierno nacional que confiere potestades a los gobiernos locales, sino como varios gobiernos regionales independientes que para ciertos negocios generales, consienten en constituir un gobierno nacional, con jurisdicción y facultades delegadas precisas y restringidas. Va de las Provincias al Gobierno (Confederado) y no de este a aquellas y forma con todas una unidad nacional condicionada y expresa. Busca así conservar la soberanía local como primaria y absoluta.” El fenomenal trayecto ofrecido por la naturaleza al corazón de Sudamérica en vías navegables, que permitían y permiten llegar a territorios fenomenalmente productivos, su dominio y el condicionamiento para su tránsito, constituyen la llave geopolítica de la prosperidad para estas regiones. Quien dominara la salida del hinterland, tanto desde el punto de vista logístico como del punto de vista jurídico y militar, como perseguía Buenos Aires mantenerlo, tendría un dominio impresionante hacia el futuro. Y no hay duda que el dominio porteño de las vías navegables de la cuenca del Plata, reclamada para emular el que el imperio Español tuvo durante varios siglos, iniciado el proceso emancipador, estaba en riesgo, en serio riesgo. Y estaba en riesgo porque los principios que animaban a Artigas, claramente expresados en las instrucciones del año XIII, sugerían la conformación de una Confederación de pueblos y territorios iguales en sus derechos y soberanía y obligados mutuamente a respetarse y defenderse. 4 La alianza de los pueblos que integraban a provincias con particularidades y con ansias de superar el periodo colonial con nuevos modelos de organización política, era sin duda un desafío a la reconstrucción del virreinato en un modelo que tomaba de este sus peores formulas. Los actos de política exterior y comercial que ocurren en el entorno del año 1817, de los cuales el mas emblemático es el denominado Convenio de Purificación, no surgen espontáneamente sólo como respuesta a una coyuntura, sino que se inscriben en una línea que se expresa en la visión autonomista y federal de José Artigas ya expresada en las Instrucciones del año XIII. Constituyen los primeros actos de la diplomacia Oriental y obedecen a sus principios Independencia, República y Federación. En la concepción de esos actos de Purificación, se tiene en cuenta que ante la amenaza de enemigos poderosos y cercanos como lo eran el Directorio porteño que ambicionaba heredar el virreinato, al punto que hasta gestiones para conseguir un monarca realizaban, y Portugal que renovaba su vieja aspiración de ocupar una de las riberas del Plata, era necesario asegurar con amigos poderosos lejanos un equilibrio que le permitiera preservarse. Veamos en el texto de las Instrucciones, algunos conceptos que muestran con indudable elocuencia el valor que se asigna a la libertad de los puertos y la navegación como componente del ejercicio de la autonomía y la protección del interés de las provincias. Cuando Artigas describe el modelo de asociación dice: "Art. 10 - Que esta Provincia por la presente entra separadamente en una firme liga de amistad con cada una de las otras, para su defensa común, seguridad de su libertad y para su mutua y general felicidad, obligándose a asistir a cada una de las otras contra toda violencia o ataques hechos sobre ellas, o sobre algunas de ellas, por motivo de religión, soberanía, tráfico o algún otro pretexto cualquiera que sea." "Art. 11 - Que esta Provincia retiene su soberanía, libertad e independencia, todo poder, jurisdicción y derecho que no es delegado expresamente por la Confederación a las Provincias Unidas juntas en Congreso." 5 Y se refiere específicamente a los puertos en los siguientes términos: "Art. 12 - Que el puerto de Maldonado sea libre para todos los buques que concurran a la introducción de efectos y exportación de frutos, poniéndose la correspondiente aduana en aquel pueblo; pidiendo al efecto se oficie al comandante de las fuerzas de S.M.B. sobre la apertura de aquel puerto para que proteja la navegación o comercio de su nación." "Art. 13 - Que el puerto de la Colonia sea igualmente habilitado en los términos prescriptos en el artículo anterior." Más adelante en otra de las instrucciones, revelando claramente su preocupación en la descentralización del antiguo poder virreinal que Buenos Aires tenía el propósito de mantener en todos sus términos, es enfático cuando instruye a los delegados en el artículo 19: "Art. 19 - Que precisa e indispensable sea fuera de Buenos Aires donde resida el sitio del Gobierno de las Provincias Unidas." La igualdad de las Provincias, el respeto por su soberanía, y en particular respecto de la Provincia Oriental la libertad para decidir sobre sus puertos y el ingreso o salida de ellos de mercaderías y frutos del país y de otras Provincias o estados. Luis Alberto de Herrera en su magnífica obra “El Uruguay Internacional”ii dice al respecto de la realidad posterior a la emancipación: “En la época colonial nuestro territorio había pertenecido al virreinato del Rio de la Plata con Buenos Aires por cabeza. Cuando cae la autoridad española solo piensa en perpetuar el mecanismo heredado. El mismo cuerpo administrativo; la misma organización; apenas un cambio externo de régimen”. Hoy, cuando nos proponemos rememorar los trascendentes hechos y decisiones de política exterior de la Provincia Oriental en 1817, lo que hacemos bajo el titulo de la conmemoración de los 200 años del “Convenio de Purificación”, de “libre comercio” con el Reino Unido de Gran Bretaña, lo debemos interpretar como un paso necesario, imprescindible, que perseguía la afirmación de los principios Artiguistas de Federación e Independencia. 6 Este acuerdo, cuya relevancia a veces parece tenerse a menos, al punto que los estudios que existen sobre él y la calidad que se le asigna no es de mayor relevancia, debe entenderse como capítulo de una estrategia defensiva y ofensiva del Protector de los Pueblos Libres frente al acoso de Buenos Aires y sus intereses económicos y políticos, que no dudaron en aliarse con el imperio de Portugal para debilitar, desarticular y derrotar el proyecto artiguista, que en definitiva era una ideal autonomista que enfrentaba el statu quo que pretendía la ex capital virreinal hacia el futuro. Es un acto de soberanía sobre el territorio, es un acto de gobierno, de intercambio de concesiones con una potencia extrajera. Debe entenderse en la continuidad del ejercicio de la Jefatura del Estado por José Artigas. Tan antiguo como uno se quiera imaginar, el dominio del Rio de la Plata y del sistema del Paraná, el Paraguay y el Uruguay proveían de un poder fenomenal. Por unlado la ambición porteña de mantener los privilegios que otrora tuvo la capital del virreinato, como factótum del domino. Por el otro el proyecto autonomista impulsado por Artigas era, al decir de Agustín Beraza en su trabajo “El convenio de Purificación” iii , “…la expresión revolucionaria y perturbadora para los intereses económicos bonaerenses (y) quedó estampada en la clausula referida a los Derechos de Aduana Provinciales, estableciéndose una situación igualitaria para todos, respecto al tráfico mercantil y a los referidos a la navegación fluvial, eximiéndose a los barcos mercantes del pago de derechos particulares y de la obligación del de ingreso y anclado, cuando ya los hubieran satisfecho en otros”. Así se expresa en el art 14 de las Instrucciones ya citado. El entonces imperio de Portugal, vecino, lindero del Español en estas tierras desde el tratado de San Ildefonso, siempre persiguió poseer una de las riberas del Plata y prueba testimonial de ello es la bella Colonia del Sacramento. Y esta, nuestra tierra, nuestro suelo oriental, desde los clarines de independencia sufrió amenazas y agresiones por sus ansias de autonomía que ofrecían garantizar la apertura de una buena parte del sistema fluvial. El Rio de la Plata ya no era español, era de las provincias, pero de unas provincias autónomas que debían respetarse y protegerse. El Rio Uruguay y la salida del Paraná debían ser venas por las que transitara la prosperidad de los pueblos y no callejones sin salida que debían someterse a los designios porteños. 7 Luis Alberto de Herrera, describe la condición del territorio Oriental en el diario “El Debate” en 1944 en los siguientes términos, “…es la llave de la cuenca platina. La economía, la tranquilidad, la vida misma de las republicas pertenecientes al gran sistema hidrográfico que termina en nuestras costas, dependen de la forma en que este país cumpla su magnífico destino. Intereses ultramarinos, vínculos de civilización y factores de progreso, inciden sobre aquella jerarquía brindada por la naturaleza y exigen prudencia al guardián de la desembocadura del Plata, configurando una y otra circunstancia un equilibrio en que el débil y pequeño Uruguay ve señalarse su misión de paz y de neutralidad, y halla máxima garantía para su independencia.”iv En abril de 1815 José Artigas dicta el Reglamento Provisional para la Recaudación de los Impuestos en los puertos de las Provincias Confederadas de la Banda Oriental del Paraná. El concepto básico que dirigió las ideas para fomentar el comercio de exportación e importación al espacio de las provincias se organizó con la eliminación de los impuestos de las Aduanas interiores, el establecimiento de una tarifa aduanera común para el pago de derechos únicamente en los puertos de ingreso o salida de productos y la fijación de una política comercial común de introducción y distribución de los productos extranjeros y aplicación de tasas y gravámenes que impidieran su competencia con los nativos. Dice Berraza al respecto, “es el momento en que comienza una nueva era de política arancelaria común a todas las Provincias de la Liga Federal, abriéndose todos los Puertos a todas las Banderas, unificando las tasas que debían pagar, destacándose como aspecto principal la libertad del tráfico mercantil”. La exposición que iniciaba el Reglamento Provisorio decía ,”…Habiéndose felizmente uniformados nuestros sentimientos liberales con algunos de los pueblos Occidentales y todos los Orientales y deseando restablecer por medio del Comercio las quiebras a que los ha sujetado la guerra civil en que se hayan envueltos, ha dispuesto con esta fecha se abran todos los Puertos de todos los Pueblos de la presente Federación franqueándose entre ellos el libre tráfico y deseando que las utilidades redunden en beneficio de los mismos Pueblos, he resuelto en esta fecha lo siguiente…”v 8 El Reglamento que circuló profusamente y obviamente llegó a Buenos Aires, donde las disposiciones sobre apertura de los puertos, el libre tránsito comercial, lo exiguo de las tasas impositivas y su forma y lugar de percepción, causaron sorpresa y zozobra al comercio porteño. Mientras tanto como en el Reglamento se expresaba “…a esos derechos quedan sujetos paraguayos, ingleses, españoles, porteños y cuantos no estén íntimamente unidos al Pabellón de la Libertad. Si llegan a ese puerto sin haber pagado derechos en algún otro, lo pagaran en ese.” Gran Bretaña, la potencia que dominaba los mares y que perseguía el desarrollo de su comercio en todos los continentes tenía importantes intereses en el Plata. Detrás de sus emprendedores y comerciantes que colocaban aquí sus productos y apreciaban para sus mercados los productos naturales de nuestra tierra, cueros vacunos y yeguarizos, tasajo, sebo, aspas, puntos, chapas, crin, lanas y otros, estaba la bandera de la Unión Jack y una flota mercante y militar incomparable. Los ingleses no podían desmontar el desarrollado sistema de representaciones comerciales en Buenos Aires y su condición de puerta de entrada a un mercado tradicional, pero no podían despreciar la importancia para su negocio de las provincias, que en la medida que se iban asociando en la Liga Federal y conduciéndose con los principios Artiguistas, ofrecían un nuevo panorama. Tampoco podían despreciar el acceso de sus naves al Puerto de Montevideo. El historiador y político Carlos W Cigliuti describe esa realidad en sus “Estudios sobre Artigas” diciendo “…Inglaterra poseía una Oficina activísima de comercio marítimo en Buenos Aires, servida por un Cónsul, un Comodoro y funcionarios que manejaban importantes recursos y soldados. Francia misma había meditado, mas de una vez, en transformarse en escudo y sostén de Buenos Aires contra Inglaterra, disputando a esta el comercio de que se ha hecho protagonista principal.”vi Cuando por un lado el Directorio Porteño le declara la guerra a la provincia oriental y pone precio a la cabeza de Artigas, y Portugal reinstalado en el continente americano se empeñan en su destrucción, este en lúcido acto de diplomacia y política exterior resuelve usar el tema del comercio como arma y desde sencillez del Hervidero diseña el acuerdo comercial con Gran Bretaña y el de extensión del Corso con EEUU. 9 Bajo la dirección de los conceptos que orientaban el Reglamento Provisional de 1815, ya anunciados en las instrucciones del año XIII, Artigas diseña el que recordamos hoy conmemorando sus 200 años, el Convenio de Purificación. El 8 de julio de 1817 Artigas se dirigió al jefe de la Escuadra Inglesa en el Rio de la Plata Comodoro William Bowles manifestándole, “…abiertos nuestros puertos al comercio he creído lo más oportuno invitar a Vs por el de su Nación…”, “…acaso podremos convenir igualmente con el ajuste preciso de algunos artículos necesarios para el surtimiento de este ejército, ofertando a Vs al retorno los frutos del país que Vs estime convenientes…” ,mientras el representante Británico aceptaba la proposición, como dice Berraza, “…Era la primera vez que una potencia extranjera rompía con la línea unitaria y autoritaria de la Santa Alianza. Era la primera vez que Inglaterra firmaba un Tratado en América con un organismo revolucionario y escindido del Estado Español”.vii El 8 de agosto, un mes después sobre la base de artículos propuestos por el General Artigas fue concertado el Convenio de Purificación entre el Protector de los Pueblos Libres y el comandante de las fuerzas de Su Majestad Británica en la América Meridional teniente de navío Eduardo Frankland, primer acto internacional acordado por Artigas como gobernador y capitán general de la Provincia Oriental autónoma. Según Cigliuti en la obra citada “…Este tratado, el primero que firma una Nación de América con una potencia extra continental, concluye siendo una expresión fecunda de política clarividente y eficaz; tanto como su texto, en sí, interesan ciertos artículos definitorios que lo integran. Artigas, por el, trataba de igual a igual con Inglaterra, esto es, como dos Estados soberanos, mutuamente respetados, colocados jurídicamente en un pie de igualdad, como corresponde, dejando de lado las diferencias de cualquier carácter. Admitía, así, el comercio ingles y garantizaba las propiedades y las personas de los comerciantes de esa nacionalidad, los que quedaban obligados a pagar los impuestos establecidos en las Reglamentaciones vigentes, algunos de los cuales ya se ha visto, eran impuestos proteccionistas. Se les aseguraba, además, no afectar esos negocios con gravámenes extraordinarios, pero a su vez Inglaterra se comprometía a efectuar sus transacciones solo en puertos, evitando así Artigas la absorción de toda la actividad mercantil por el extranjero. Y finalmente, por las clausulas 5 y 6 Inglaterra se obligaba a garantizar las condiciones del trafico de ambas Naciones signatarias y a dirigir el suyo solamente a los puertos orientales, no debiendo hacerlo con los puertos de los enemigos de la República, con lo cual el sabio estadista de Purificación obtenía al mismo tiempo dos beneficios una fuente segura de recursos y evitar el posible bloqueo portugués, cuya flota no se atrevería, entonces, a atacar al comercio anglo-oriental.”viii 10 Refiriéndose al contenido del convenio, la Prof. Ana Ribeiro en su trabajo “Los tiempos de Artigas” dice “…El Convenio constaba de seis artículos y consagraba tres principios vitales para el comercio inglés y para la lucha política mantenida por Artigas: la libre navegación de los ríos, la libertad de comercio y la seguridad de las personas y de sus propiedades en los territorios y puertos que reconocían la Jefatura del Protector. Había aspectos diferenciables en este Convenio: si bien los ingleses quedaban librados de toda contribución o pago extraordinario (aun en los momentos de apremio, peligro o derrota), se les puso un límite igualmente férreo respecto a la zona de actuación: el comercio interior de las Provincias era, para Artigas, un privilegio que debía reservarse exclusivamente a los americanos. Por su parte, se pidió a los ingleses que gestionaran algo que solo su poderío naval podía asegurar: “El Sor. Comandante Ingles franqueará por su parte con los Gobierno Neutrales o Amigos que dicho tráfico no sea impedido ni incomodado”, a la vez que se le impedía franquearle pasaporte alguno a comerciantes que entraran o salieran de puertos con los que Artigas estuviera en guerra. Se buscaba así reprimir el comercio inglés con Montevideo, en ese momento en manos de Portugal, la nación prohijada por Inglaterra. Las ventajas comerciales eran suficientes como para que Inglaterra, pese a esa cláusula, aceptará el Convenio.”ix Este primer acto de política exterior de la Provincia Oriental y por tanto del que el propio Artigas mencionaba como el “incipiente Estado Oriental”, contaba con las características que describe Luis Alberto de Herrera en el “El Uruguay Internacional”, que debería tener nuestra diplomacia, “…El Uruguay tiene que resolver su problema internacional consultando, en exclusivo, las conveniencias del Uruguay. Indumentaria diplomática a la medida de su cuerpo”.x Luego de la firma de este acuerdo con Gran Bretaña que permitía a la Provincia Oriental defender su producción y poder exportarla sin la intercepción de Buenos Aires, e importar productos extranjeros sin que sobre ellos recayeran gravámenes mas allá de los establecidos por la provincia, reacciona rápidamente el cónsul de EEUU en el Rio de la Plata Thomas Halsey y visita a Artigas en Purificación, vuelve de sus conferencias con el Jefe de los Orientales con varias patentes de corso para complementar las que se habían concedido desde 1816. Cigluiti, en su “Estudios sobre Artigas”, relata, “…Y dicta da en su Cancillería de Purificación el Reglamento del corso en el cual fija minuciosamente en 18 artículos, el contrato 11 con el corsario interesado, la contribución a pagar, la jurisdicción que abarcaba y los derechos que tenia de actuar frente a los barcos enemigos”.”El texto de la patente Oficial de Presas es solemne y dice: “El Jefe de los Orientales y Protector de la Republica Oriental. Por cuanto ha tenido a bien mandar se extiendan patentes de corso contra los buques de banderas españolas y portuguesas ha resuelto dar el nombramiento de Oficial de Presas(…) para que con el buque a su cargo pueda navegar con libertad, hacer respetar el pabellón de la República y hostilizar a sus enemigos(…) según el Derecho de las Naciones” xi. Artigas concede asimismo la protección de las leyes del estado para el Comandante, Oficiales y demás subalternos del Corsario aunque sean extranjeros con los privilegios e inmunidades de cualquier ciudadano americano, igualándolos mientras actúen bajo esa patente a los naturales americanos. Relata Arturo Ardao en su trabajo “Artigas y el Artiguismo”, “…República Oriental fue ya el nombre de una de las primeras embarcaciones del corso artiguista, salida a la mar desde Montevideo, tan temprano como el 21 de Noviembre de 1816. Pero de mucho mayor siginificacion que el nombre de aquel barco, fue la prolija documentacion oficial –acorde con las mas exigentes normas inaternacionales en la materia – de que fueron rovistos tanto el como todos los numerosos del mismo carácter armados ese año y los años siguientes. Y todavía las personalisimas cartas enviadas por Artigas en el mismo período, a Monroe, Presidente de los Estados Unidos, y a Bolivar, Presidente de la Gran Colombia”.xii Me permito llamar la atención a la denominación de Artigas en las patentes de Corso; El Jefe de los Orientales y Protector de la Republica Oriental. Actos de gobierno, de soberanía, adaptados al derecho internacional de la guerra de esos tiempos que admitían el concurso de corsarios para integrar a la defensa la captura de naves de los enemigos, firmados por el Jefe y Protector de la Republica Oriental. Como puede haber duda entonces sobre la existencia en esos momentos del Estado Oriental, de la Republica Oriental? Beraza señala en su estudio ya citado, “…lo real, lo positivo, fue que estos documentos emanados de la Cancillería de Purificación, fueron admitidos, reconocidos y validados como legítimos en los Tribunales de Justicia norteamericanos y en la Corte de Almirantazgo de Venezuela”.xiii Artigas estaba resuelto a defender la independencia de las nacientes repúblicas aspirando a que se vincularan en una confederación iluminada por los principios de las Instrucciones del Año 1813, con sus armas, la libertad de los ríos y los puertos, y ello en la circunstancia lo instrumentaba con el acuerdo de comercio con Gran Bretaña y con la expedición de patentes de corso que recibieron el reconocimiento de la naciente EEUU en Norteamérica. 12 El Convenio de Purificación que hoy conmemoramos, se inscribe dentro de los hitos políticos que mas deben destacarse del proceso de independencia y de conformación del estado Oriental. Significa, como señalamos, el primer acto de política exterior del gobierno presidido por el Jefe de los Orientales, procesado en un acuerdo con apoderados de Gran Bretaña una de las mayores potencias del régimen colonial. Como en todo acuerdo entre estados ocurre por la necesidad de proveerse mutuamente de obligaciones y derechos. Es indudable que el Reino Unido a través de sus apoderados procuraba preservar las posibilidades comerciales de sus súbditos, negociando directamente con las Provincias de la Liga Federal, en el caso con la Provincia Oriental, sin necesidad de pasar por Buenos Aires para acceder a los puertos de ellas, ni de tributar en esta sino en los puertos habilitados para el destino de sus productos, abonando los derechos de importación y exportación “…fijados en el documento adjunto…” según la propuesta original de Artigas. Garantizaba también Gran Bretaña el pasaporte para sus súbditos que sería expedido por las Provincias, para ello, “…tienen que usar sus colores nacionales y estar provistos de pasaporte del Comandante Británico…”. Para ofrecer seguridad jurídica durante la vigencia del acuerdo, se les eximia de cualquier prestación excepcional, dicho”…nunca se les exigirá ninguna contribución o impuesto extraordinario…”. Los comerciantes británicos debían afincarse en las “ciudades puerto de mar¨, también la prohibición de precaver el acceso a los puertos que estuvieran en manos de los enemigos de la Provincia. Estos ítems formaron parte del documento elaborado por Artigas el 3 de agosto de 1817 como bases para el acuerdo que se firmo días mas tarde. Artigas reservaba para los naturales el comercio interior de los productos que los británicos comerciaban y aseguraba la llegada a los puertos de las exportaciones de las Provincias sin gravamen alguno y con ello el valor de la producción local para que los tributos que se abonaran fueran destinados exclusivamente a las arcas de la naciente Republica. No hay duda que ello garantizaba también el acceso a las armas necesarias para sus ejércitos negociadas por los ambicionados frutos del país por el comercio ingles. 13 A esta altura esta de mas calificar la importancia política y trascendencia histórica del Convenio de Purificación, aún cuando se deban enfrentar algunas vacilaciones en el juicio de algunos historiadores sobre el recorrido burocrático del documento en la parte Británica, cuando su llegada al Foreign Office. El acuerdo fue firmado por autoridades legitimas y representativas de ambos estados “el Jefe de los Orientales y Protector de los Pueblos Libres Ciudadano José Artigas y el Comisionado por el Comandante de las Fuerzas de Su Majestad Británica en estas Américas el Teniente de Navío Dn Eduardo Frankland. Esta firma fue ratificada por Guillermo Bowles, Jefe de las Fuerzas Navales de Su Majestad en estas Américas y el Cónsul de SM en Bs As Roberto Staples. Al Ministerio de RREE Británico llegaron dos ejemplares del acuerdo por distintas vías, una enviada al Almirantazgo remitida por Staples y otra a través del Embajador en Rio de Janeiro Ministro Sir Henry Chamberlain. El convenio se negocia y articula en una época de cambios profundos y fatales de la relación de Europa con América. En un momento en que la “neutralidad” británica que garantizaba su desarrollo comercial, era amenazada por el factor de las autonomías, con quienes también debía desarrollar relaciones para que los súbditos mantuvieran los accesos a mercados y los flujos comerciales. Recurramos a la lectura del editorial del Post de Londres referido al acuerdo, “…Algunos diarios han publicado un pretendido Tratado que según dice, fue firmado por el General Artigas en su calidad de Jefe de los Orientales y Protector de un Pueblo Libre, y un lugarteniente llamado Eduardo Frankland, comisionado de las fuerzas d SM en la América Meridional. El objeto de este importante Tratado es la seguridad reciproca del comercio de los súbditos de SM Británica y los pueblos de la costa oriental del Plata, asegurándose que ha sido ratificado formalmente por William Bowles, Comandante de SMB en la América Meridional. (…) Este rumor debe ser falso. Un tratado semejante, concertado por personas debidamente autorizadas por Inglaterra implicaría el reconocimiento del poder legitimo de los partidos con los cuales lo hubiera hecho, y no podría tener lugar sin antes renunciar a esta prudente neutralidad que constantemente hemos seguido en la desgraciada contienda de España con sus colonias. No podemos adivinar qué fin haya podido perseguirse al anunciarlo al publico”xiv 14 La actitud del Primer Ministro Lord Castlereagh respecto del acuerdo en primera instancia fue negativa porque su firma contrastaba con la política neutralista en el más grave conflicto internacional de la época como lo era la insurrección de las colonias españolas. La difusión de este Convenio tendría graves consecuencias en la política interna de GB y en la política internacional europea. El Vizconde Castelreagh escribe al respecto al Ministro de la Corona en Rio de Janeiro, “…Por lo tanto aunque no he recibido Ordenes del Príncipe Regente, de instruir a usted oficialmente para que desautorice este instrumento en nombre de su Gobierno, no vacilo en informarle que debe considerarse como un acto que no ha sido autorizado en forma alguna por su Alteza Real…”xv Esta situación de confrontación entre las acciones sobre las que no existían órdenes expresas del Foreign Office y la actuación de las autoridades de la Marina dependientes del Almirantazgo, respondían a una realidad nueva. El compacto imperio español se desagregaba en territorios autónomos que construían una nueva institucionalidad y una nueva realidad internacional en América. Beraza describe la actitud de la parte Británica en el acuerdo con el Jefe de los Orientales, nuestro “Acuerdo de Purificación” así, “…En el fondo de todo el planteo, había un aspecto fundamental que era el presidia el desarrollo de los acontecimientos: Inglaterra tenía que ganar la batalla económica. Ella sería la base de su grandeza futura y de su predominio en los mercados mundiales de producción de materias primas y de consumo de artículos manufacturados. Lo que no habían percibido aun, no sabían los políticos conservadores del Foreign Office, lo conocían menudamente los Jefes de la Real Armada; la revolución Americana había transformado el mundo, dándole perspectivas imprevisibles. Había abierto las puertas de un gran Continente, al comercio, a la actividad creadora, pero también a la ambición de quienes se atrevieran a arriesgar sus capitales y aun sus propias vidas, en una aventura de perfiles asombrosos. Ahí radicó la razón del equivoco, de la confusión en el enfoque de acontecimientos coetáneos: doctrinario y político europeo, y realista, absolutamente realista y práctico, el de los ingleses en América.”xvi 15 No fue desconocido, ni tampoco fue ratificado, surtió efectos en la realidad, y efectos jurídicos notorios e innegables, facilito el comercio, garantizó el transito libre por los ríos, concedió permisos para exportar e importar, extendió pasaportes de acuerdo a los términos del acuerdo. Se admitía de un modo tácito la existencia en el Nuevo Mundo de un Estado Independiente, renacido y legalizado por sus Representantes, puesto que el instrumento había sido concertado, firmado y ratificado por personas legalmente habilitadas y revestidas de carácter Oficial. Que conmemoramos? Sin duda los 200 años de una alianza amistosa de mutuo interés entre la Provincia Oriental, la República Oriental, con el Reino Unido de Gran Bretaña. Gran Bretaña, el primer estado que pactó con el nuestro. Gran Bretaña con quien nuestra República Oriental ha mantenido y mantiene desde aquellas épocas una intensa y fructífera amistad. Conmemoramos el primer acto de política exterior del Estado Presidido por el Protector de los Pueblos Libres, el Jefe de los Orientales. Conmemoramos el momento del reconocimiento internacional de la existencia del Estado Oriental. Conmemoramos una de las instancias más destacadas de la práctica del ideario Artiguista para la consagración de la Independencia. 16 i ESTUDIOS SOBRE ARTIGAS. Carlos W Cigliuti. Edición Cámara de Representantes. ii EL URUGUAY INTERNACIONAL. Luis Alberto de Herrera. Edición Cámara de Representantes iii EL CONVENIO DE PURIFICACION. Agustín Beraza. Centro de Estudios Históricos Navales y Marítimos. Armada Nacional. Editado en el Palacio Legislativo en 1985. iv DIARIO “EL DEBATE”. 1944 Articulo de Luis A de Herrera. v Idem iii vi Idem i vii Idem iii viii Idem i ix LOS TIEMPOS DE ARTIGAS. Ana Ribeiro. x Idem ii xi Idem i xii ARTIGAS y el artiguismo. Arturo Ardao. Ediciones Banda Oriental. 2002. xiii Idem iii xiv PURIFICACION. Sede del Protectorado de los Pueblos Li

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